Cuentos, leyendas, películas y todos los relatos habidos y por haber
destacan mayormente la valentía del género masculino. Close ups a bíceps protuberantes y gestos de hombres salvajes y
temerarios son siempre motivos para arrancar suspiros de muchas féminas
deseosas de encontrar a un hombre tan audaz como ellos. Si perteneciera a ese grupo
de mujeres que se impresiona con los músculos y ante gestos y actitudes
salvajes, tal vez me volvería loca y correría atrás de un hombre así, pero para
mí, los hombres más valientes no son precisamente esa clase de personajes… Con
los años y las experiencias he aprendido a identificar la verdadera valentía y
he descubierto que es un tesoro escaso y una virtud que pocos tienen. Los
hombres más valientes con los que he tenido contacto han sido esos que con
lágrimas en los ojos me han hablado de sus miedos, de sus inseguridades, de sus
fracasos, de sus frustraciones, de su amor hacia una mujer.
Me ha impresionado la valentía de
quien se ha sentado conmigo en una primera cita y se va desconcertado –sepa
Dios por qué— y regresa a pedirme una segunda diciéndome: me gustas, me
impones, quizá hasta miedo me das, pero sabes… creo que vale la pena conocerte.
Después de esas palabras y de una muestra de sinceridad tan grande, me he
sonrojado y he aceptado no dos, sino
muchas citas más y, no solo por el halago, sino porque estoy convencida que la
congruencia, la sinceridad y la humildad requieren de una tremenda fortaleza.
Tengo la fortuna de conocer a varios
hombres valientes, no tantos como me gustaría pero entiendo que ese tipo de
virtudes no son cosechadas por seres comunes. Uno de ellos es un hombre al cual
admiro muchísimo por su amor y entrega clara y descarada hacia su esposa, un
hombre que demuestra sin pena ni temor alguno ese sentimiento que le inspira la
mujer de su vida, gran maestro de vida para muchos, ya que saber amar, y amar
bonito, no es arte que se le de a cualquiera. El segundo que recuerdo es un
gran amigo, quien tiene mi admiración y respeto por mostrar, defender y aceptar
su preferencia sexual como estandarte de la congruencia que lo caracteriza,
hombre divino de una calidad humana extraordinaria que he tenido la fortuna que
acoja mi corazón en sus suaves manos donde siempre me he sentido cobijada. De
mis favoritos, un hombre que entró a mi vida con un claro interés amoroso pero
que optó por aceptar una amistad honesta que a ambos nos ha servido para hacer
catarsis sobre lo que nos confunde del género opuesto. Aún caben algunos hombres
más en esta lista y mi corazón se extiende como pavorreal al reconocerme afortunada
porque mi camino se cruzara con el de ellos, sin embargo el mensaje implícito
creo que queda claro.
La valentía masculina de esta época
no tiene nada que ver con la de la época de las cavernas ni de las cruzadas ni
con el enfrentarse a golpes con otro dude
en un ring. Más bien tiene que ver con vivir con una filosofía de principios y
valores, con congruencia, con sinceridad, con la disposición a mostrarse
vulnerable, con el adaptarse a mujeres independientes, fuertes, inteligentes y
destacadas y después a esquemas de familias muy diferentes a las que tuvimos de
niños, es quizás asumirse en estos tiempos como en ningunos otros, como seres
sensibles, inseguros y temerosos pero dispuestos a enfrentar lo necesario para
obtener la plenitud no solo de sus parejas o profesiones, sino la oportunidad
de ser, por primera vez, hombres completos que no amputan lo que nos une como
humanidad.

1 comentario:
Excelente reflexión, muy íntima y muy propia... Gracias x compartirla... :)
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