domingo, julio 06, 2014

Impío

Si no hubiese sido tan terco la hubiera alcanzado. Le hubiese dicho lo importante que seguía siendo para él, le hubiera mencionado lo mucho que la extrañaba, lo hermosa que le seguía pareciendo; pero eso era un acto cobarde, lleno de traición a su palabra, a su promesa de jamás perdonarla por tratar de imponerle una vigencia a su amor, como si alguna vieja tuviera el poder suficiente para ello. Mientras él se trataba de convencer de que lo mejor era darle valor y respeto a su palabra,  su corazón pedía lo contrario y sus ojos delataban la ternura que siempre le había inspirado. Sin embargo, él tenía que mantenerse en la línea, como aquellos soldados en la guerra más sangrienta que terminaban siendo torturados y a pesar de ello no revelaban la verdad al enemigo.

            La mirada de Eva, más tardía, lo reconoció segundos después. Una reminiscencia la hizo titubear en saludarlo, sin embargo, seguro un militar emocional como él le haría un desprecio, así que continúo su camino sin mas. Ambos pasaron al lado uno del otro como perfectos extraños, aunque era imposible serlo con una historia como la de ellos.

Aarón ya había olvidado, o decía haberlo hecho, pero con ninguna mujer sintió tanto cobijo como con ella, con ninguna mujer pudo contener sus instintos animales para terminar acariciando el cabello de Eva en una noche que deseaba hacerle el amor como un perro en celo. Solo con ella podía ser así, tierno, contenido, aunque por dentro la llama lo devorara y el deseo lo carcomiera, pero la veía tan feliz, con tanta paz, que no quería ensuciar el momento con sus pensamientos más oscuros, ya había tenido mucho de eso con otras, ninguna como ella. Con Eva aprendió que el placer no solo es carnal, tenerla cerca lo dejaba satisfecho, le llenaba de regocijo, aprendió a disfrutarla de otra manera, de mil maneras diferentes: su sonrisa, sus palabras, sus bromas, inclusos sus silencios lo mantenían cautivo. Y ni qué decir de su cuerpo…  ese que tanto deseaba pero que hasta el sometimiento de su ímpetu le dejaba fascinado.

Ella por su parte, siempre lo amo, lo supo desde el primer día, así como también supo que había elegido enamorarse de un necio. Y que debería aprender a vivir con ello. En sus muchos años de un amor disfrazado de amistad, ella toleró lo que nunca habría aceptado en ningún otro hombre, estoica ante sus disparates, vivió por años esperando que él reconociera lo que ella supo desde un principio, que la amaba. Cansada del desfile de amores superfluos que Aarón le paseo enfrente hasta el cansancio, un buen día Eva le mandó el siguiente mensaje:

Aarón:

Después de tantos años y lo mucho que hemos vivido juntos ya va siendo hora de que aceptes lo que sientes por mí. Tú sabes que te amo, que nadie te profesará un amor tan puro y entregado como el mío. Todo tiene un límite y él mío ha llegado, o nos dejamos de jueguitos o hasta aquí llegamos, basta de ser solamente la musa que inspire hasta tus borracheras.

Si no recibo respuesta, entenderé tu decisión, pero eso no cambiará el profundo amor que siento por ti.

La dueña de tu paraíso, tu Eva.


2 comentarios:

RubMov dijo...

Tantas veces repetida esta historia.... Pero tras leerla de nuevo, no puedo dejar de reconocer, ambos tienen razón ...

Antares!* dijo...

La razón la debería tener el amor, ¿no cree? ;)