Salud, dijo él muy propio cuando le trajeron su Clericot, mis amigos y
yo correspondimos el brindis cordialmente, quizá el primer y único que haríamos
con ellos estando sobrios. La simpatía de Viviana, mi amiga, y el coqueteo de
nuestro Giovani Dos Santos —así llamamos al hijo de esta familia por el
parecido que tiene con el jugador— hizo que las risas y la camaradería aumentaran
a la mitad del primer tiempo, poco después, en el gol de México ya hasta nos
habíamos tomado una foto con nuestro Giovani. Ni tarde ni perezoso este chamaquito
—mucho más hábil para el ligue que muchos que conozco— ya nos había sacado
nuestro Whatsapp y hasta Face. Comida, alcoholes, risas, más alcoholes,
conversaciones graciosas, más alcoholes, fotos, más alcoholes, videos, más
alcoholes, acompañaron durante todo el partido nuestra mesa, eso, sí, sin
olvidarnos como la afición manda del: Eeeehhhhhhhh, ¡putos!
Katia no captó mi atención muy a pesar de que sonsacamos a su esposo
para que se tomara de hidalgo un Perla Negra, (sí, él muy sacrificado, seguro
le tocó regaño en casa, ja) ni tampoco la llamó cuando reía a carcajadas por
las tonterías que le decíamos a su hijo. La captó hasta que se levantó al baño
en muletas, no me fijé si traía un pie entablillado o cuál era su padecimiento,
la vi tan contenta, tan feliz, disfrutando de su familia, que no le di mucha
importancia al hecho. Después de una cerveza, un tequila de hidalgo, una copa
de Clericot y dos shots de perlas negras, nos despedimos. Para ese entonces ya
éramos entrañables amigos, al menos de Face, y habíamos pasado un momento
agradable, muy a pesar del robo de nuestra selección.
Una vez que llegué a casa, me acordé que me dijo Katia, te mandaré un
video, ¿lo puedes compartir? Este es el video que me envió https://www.facebook.com/photo.php?v=306859369482559&set=vb.196031330565364&type=2&theater
Katia perdió una pierna gracias a un imbécil que iba a exceso de
velocidad, el tratamiento fue patrocinado por la impunidad, y así, como
diariamente pasa, inocentes se ven afectados y nuestro gobierno no hace nada.
Me conmoví al extremo al ver esto, ella era la misma mujer que había tenido
enfrente durante horas, con la cual brindé, bromeé y a quien le robamos muchas carcajadas. Sentí mucha
admiración por ella, por su fortaleza y, por supuesto, nació el compromiso en
mí de compartir su historia, de sensibilizarlos ante ella y de invitarlos a
compartir esto también, quizá sirva de algo para con nuestras autoridades ,o
no, pero estoy segura es que servirá
para hacerlos reflexionar, para pensar que diariamente ignoramos el tamaño del
costal que cada uno trae cargando a cuestas. Para algunos… Más pesado que la piedra del Pípila.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario