jueves, julio 03, 2014

Mesa para tres

         

         Esperando ver el que sería el último juego de la selección mexicana, habiendo peleado con el idiota gerente del Fishers —porque son unos mamones que reservan lugares y se ponen como divas para dejar entrar como si el puto restaurante fuera el mismísimo Puerto Madero—, obviamente no iba con mi mejor actitud, mi deseo era simple: una chingada mesa en un restaurante para poder ver el partido junto con mis amigos.  Pues bien, me harté de mamonerías y me fui a El Pecado de Noé, a pecar como los Dioses de las buenas bacanales mandan: con vino. Ahí, como era de esperarse, el recibimiento fue otro, trato amable, mesa de inmediato, vino, pinchos, pizzas, desmadre…, sí, había llegado al paraíso, a mi perfecta versión del paraíso terrenal. Al mismo tiempo, pedía una mesa para tres un señor con su familia, otro más con deseos de pasarla bien en un bonito ambiente…¿familiar?

Salud, dijo él muy propio cuando le trajeron su Clericot, mis amigos y yo correspondimos el brindis cordialmente, quizá el primer y único que haríamos con ellos estando sobrios. La simpatía de Viviana, mi amiga, y el coqueteo de nuestro Giovani Dos Santos —así llamamos al hijo de esta familia por el parecido que tiene con el jugador— hizo que las risas y la camaradería aumentaran a la mitad del primer tiempo, poco después, en el gol de México ya hasta nos habíamos tomado una foto con nuestro Giovani. Ni tarde ni perezoso este chamaquito —mucho más hábil para el ligue que muchos que conozco— ya nos había sacado nuestro Whatsapp y hasta Face. Comida, alcoholes, risas, más alcoholes, conversaciones graciosas, más alcoholes, fotos, más alcoholes, videos, más alcoholes, acompañaron durante todo el partido nuestra mesa, eso, sí, sin olvidarnos como la afición manda del: Eeeehhhhhhhh, ¡putos!

Katia no captó mi atención muy a pesar de que sonsacamos a su esposo para que se tomara de hidalgo un Perla Negra, (sí, él muy sacrificado, seguro le tocó regaño en casa, ja) ni tampoco la llamó cuando reía a carcajadas por las tonterías que le decíamos a su hijo. La captó hasta que se levantó al baño en muletas, no me fijé si traía un pie entablillado o cuál era su padecimiento, la vi tan contenta, tan feliz, disfrutando de su familia, que no le di mucha importancia al hecho. Después de una cerveza, un tequila de hidalgo, una copa de Clericot y dos shots de perlas negras, nos despedimos. Para ese entonces ya éramos entrañables amigos, al menos de Face, y habíamos pasado un momento agradable, muy a pesar del robo de nuestra selección.

Una vez que llegué a casa, me acordé que me dijo Katia, te mandaré un video, ¿lo puedes compartir? Este es el video que me envió https://www.facebook.com/photo.php?v=306859369482559&set=vb.196031330565364&type=2&theater


Katia perdió una pierna gracias a un imbécil que iba a exceso de velocidad, el tratamiento fue patrocinado por la impunidad, y así, como diariamente pasa, inocentes se ven afectados y nuestro gobierno no hace nada. Me conmoví al extremo al ver esto, ella era la misma mujer que había tenido enfrente durante horas, con la cual brindé, bromeé y a quien le  robamos muchas carcajadas. Sentí mucha admiración por ella, por su fortaleza y, por supuesto, nació el compromiso en mí de compartir su historia, de sensibilizarlos ante ella y de invitarlos a compartir esto también, quizá sirva de algo para con nuestras autoridades ,o no,  pero estoy segura es que servirá para hacerlos reflexionar, para pensar que diariamente ignoramos el tamaño del costal que cada uno trae cargando a cuestas.  Para algunos… Más pesado que la piedra del Pípila.

No hay comentarios.: